Cocina belga

Waffle (estilo Bruselas)

El waffle de Bruselas. Su cáscara crujiente y su interior hueco vienen de la masa y no de la waflera: claras batidas incorporadas con movimientos envolventes, y parte de la harina sustituida por almidón para mantener bajo el gluten. Ese es, en esencia, todo el método.

Waffle de Lieja (masa de levadura con azúcar perlado)

El waffle de Lieja: una masa de levadura firme con azúcar perlado grueso incrustado. En un bollo dentro de un horno caliente, el azúcar perlado sobrevive como granos blancos; en una waflera se funde en caramelo en segundos. La diferencia no es la temperatura sino el contacto: el aire caliente y una placa de hierro fundido entregan el calor a velocidades muy distintas.

Moules-frites (mejillones con papas fritas)

El plato nacional de Bélgica: mejillones abiertos al vapor en una olla tapada y servidos con papas fritas. Casi no se añade líquido. Al abrirse, las conchas sueltan el agua de mar que guardaban, y esa se convierte en el caldo, así que lo mejor de la olla no es algo que hayas hecho tú sino algo que trajeron los mejillones. Cinco minutos al fuego son todo, y lo que pase de ahí es pérdida.

Carbonnade flamande (estofado flamenco de res)

Un estofado flamenco de res cocido lentamente en cerveza oscura belga hasta quedar tierno y untuoso. El amargor de la cerveza, el dulzor del azúcar morena y una rebanada de pan untada con mostaza le dan verdadera profundidad. Un placer invernal de una sola olla que solo necesita tiempo.